Pérdidas

¿Qué haces aquí?

Me encogí de hombros, después de tantos meses sin saber nada había aparecido en tu trabajo así sin más, sin una llamada ni un mensaje de preaviso.

Me miraste de forma inquisitiva, creí entrever una sonrisa, te alegrabas de verme pensé, era mi forma de auto justificarme, de decirme a mí misma que había hecho bien en ir a verte. Me seguías queriendo o eso quería creer.

¿Qué haces aquí? me volviste a preguntar con algo de nerviosismo en tu voz.

Y si te dijera que me estoy muriendo.
Lo solté. No quería decírtelo así, no tan de golpe, no sin un ¿qué tal estás? O qué bien te veo (mi ausencia te había sentado mejor que a mí). 
Te lo vomité sin edulcorantes ni vaselina. Recuerdo que te reíste y después me miraste con esa soberbia que a veces te nacía en tu mirada cuando la incredulidad se avecinaba. 

¿Qué?
Eso.
Eso
Si. Eso
Qué estás diciendo 
Qué me muero
Te mueres

Seguías sin creerlo.

Si, desde hace 7 meses

Justo los mismos que llevábamos sin vernos ni hablar.

Siete
Si, siete, tú numero favorito.
Ese no es mi numero.
Si, si que lo es
No, no lo es g
¿No? Dude 
No, es el 6
Ah, por uno. Sonreí con la intención de arreglar esa incomodidad, me sentí mal por no recordar tu número.

No sé que quieres que te diga.
Nada.
No, por algo has venido, por algo me lo has dicho. 

Estabas molesta y no era de extrañar, había interrumpido una vez más en tu día para generarte caos.
O no. 
Yo ya no te generaba nada a quien pretendía engañar. 


Caminé por el local, por su puesto que había un para qué,no me había plantado ahí después de medio año porque si, todo tenía un sentido pero en ese instante me resultó absurdo, me sentí absurda.
¿Qué pretendía conseguir de aquella situación? Qué volvieras a mi lado, que me acompañaras hasta el último de mis días, que me perdonarás.

Eso era, que me perdonarás, necesitaba pedirte perdón, no quería acabar siendo una de esas almas que deambulan por otras dimensiones buscando nuevas oportunidades. 

Era consciente de nuestro final.
Sólo  quería tú perdón pero estabas ahí altiva, con tu escudo coraza, repeliendo cada una de mis intenciones, derribando cada recuerdo, cada esperanza, renegando de mi. 
No podía culparte,durante meses solo pude odiarte porque era lo menos dañino para mí y aún así seguía acordándome de ti,  es verdad que nuestros recuerdos dejaron de doler pero tu indiferencia... 
Siempre me admiro tu forma de cortar, de soltar y no volver a atrás, quizá porque supiste ante ponerte, quizá porque es más fácil dejar de querer que que te dejen de querer, quizá porque tu escudo te protegió demasiado bien... No lo sé.

Sólo sé que estaba ahí plantada enfrente de ti y no sabía cómo explicarte que ya no quería nada de ti salvo la tranquilidad de saber que la persona a la que más habia querido me recordaba sin odio ni rencor.

Te mire, me sentía tan insignificante que pensé que nunca obtendría esa tranquilidad porque nunca me odiaste, no fui lo suficientemente importante como para odiarme, agite la cabeza, odiaba ese tipo de pensamientos, no me lo merecía, te di lo mejor de mi aunque tú no lo vieras. 

Te volví a mirar, seguías sonriendo pero en tus ojos observe el vacío de quien se esconde tras una coraza, seguías viviendo una felicidad impostada, seguías tan rota como yo la diferencia que siempre supiste llevar mejor los trozos que yo.

Lo siento 
¿Lo sientes?
Si, no tenía que haber venido.

Me acerqué y te besé en la mejilla, te asustaste.
No había nada que temer, ya no. 

Me marché con el corazón en una mano y con mi coraza en la otra. Por primera vez ninguna perdió.

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