Destinos




Después de más de seis horas de carretera había llegado a su destino.

La estación estaba abarrotada de un ir y venir constante de personas, algunas deseosas de huir del calor de la ciudad y otras agradecidas por volver a casa. Ella no pertenecía a ningún de esos grupo, en verdad, era de las que no querían estar ahí pero sin saber muy bien por qué había vuelto. No fue capaz de huir y mucho menos de permanecer más tiempo en casa de sus padres. La estación parecía un buen sitio. Cogió su maleta, se dirigió a unos de los bancos más alejados de la zona y se sentó derrotada por el cansancio, por la vida.

Las horas pasaban y ella permanecía ahí, inmóvil, creyendo que se paraba el tiempo, que la estación la protegería de sus decisiones. Observó a su alrededor y se sintió extraña, como fuera de lugar, no lograba percibir esa sensación de familiaridad o de rutina a pesar de las innumerables veces que había realizado ese trayecto. Por primera vez, y tras una meditada pausa, entendió la soledad de aquellos cuyo trabajo les obliga a recorrer el mundo. Siempre sintió un poco de envidia por ese estilo de vida, por el constante ir y venir que no te permite encariñarte de las ciudades, de las personas, por la emoción de lo nuevo pero esa soledad... Esa soledad no era envidiable, esa sensación de no pertenencia, de no saber dónde te quedas, desgastaba. Y mucho.
- Si tuviese menos equipaje - pensó mientras miraba su maleta, la mochila y el bolso - me iría andando, ¡maldita maleta! con lo cómodo que es viajar con lo que uno lleva puesto.
En su caso sólo necesitaba su Cannon 5D y alguien o algo que retener en su objetivo. Odiaba el metro, siempre tan cargado de esa monotonía tediosa, de esa soledad austera que ella aborrecía, pero tanto su situación económica como social no le permitía otra opción.

Otro motivo más para permanecer en la estación.

A medida que comía su sandwich de pavo y manzana pensaba en todo lo que la vida le había dado y a su vez le había quitado, era injusto pero inevitable, demasiados errores para una sola vida. Sentía demasiado el peso de su dudas, de sus miedos, tanto tiempo perdido en un sueño imposible de olvidar. Deseaba quedarse con lo aprendido, empezar una nueva vida con nuevas ilusiones, reinventarse... ¡qué bonita palabra!. Pero ese sueño se estaba convirtiendo en una pesadilla, en su pesadilla. Dolía, quitaba el aliento por las noches y en los amaneceres las sonrisas. Debía zafarse de él si quería continuar. Por eso había vuelto para poner punto y final a esa situación que apenas controlaba.

Un pitido la sacó de sus pensamientos, la batería de su móvil estaba baja, señal de que debía marcharse a su  casa - MI casa - pensó.
Desde hacía unos meses para acá nada era suyo, sus años en solitario, su vida maltrecha, sus sueños escuetos, todo había dejado de ser (de) ella.
- Reinventarse- pensó de nuevo.
Eso es lo que tenía qué hacer aunque no supiera cómo. Caminar y no parar, sólo para tomar aliento pero caminar, no huir. Ella era mucho de huir, de hacer las maletas y salir corriendo a la primera casa de algún desconocido, olvidar a base de tequilas y enterrar sus problemas con alguna droga de diseño.  Esta vez no sería así, quizá necesitase más tiempo en la estación pero no huiría, no esta vez. Se enfrentaría a lo que más temía, a lo que le había estado boicoteando toda su vida, lo que la frenaba, lo que la impedía realizar su sueño.

Esta vez se plantaría cara a si misma. 

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