Sin ti y sin mí...

Y decirte que me rindo, que me doy por vencida, que no soy capaz de derribar esos muros que levantaste hace tiempo.

Después de tantas batallas perdidas, de tantas derrotas desangradas comprendí que era tu lucha y no la mía,  después de sacarme todo lo que tenía, de devorar mi amor, de aspirar mi energía, de quitarme las ganas comprendí que ya era demasiado tarde para quererme.

Mis escasos sueños entregados a tu único objetivo, mis fortalezas convertidas en pequeñas trazas, mis ilusiones transformadas en tu afán de superación, mi dolor tu bastón, mi tiempo tu entretenimiento. 

Demasiado tiempo para luchar por lo inexistente, demasiados daños colaterales por una coleta, demasiados miedos creados de la nada, demasiado malestar por no estar.

Con el vacío de mi ser pero llena de miedos y rencores alcancé a comprender el por qué de la cosas, entendí el motivo de mi venda, y tras muchos tequilas logré zafarme de la tela que me impedía avanzar, continuar aquel camino que hacía años comencé con los nervios de quien inicia un viaje excitante y emocionante.

Tras muchas tormentas en tu soledad y en la mía, tras muchas tardes estancadas decidí que el rendirse no era de cobardes. Decidí que era hora de respetarme, de quererme y de dejar marchar aquello que me hería con cada palabra vacía, con cada ausencia de actos, con hechos dolorosos, con detalles egoístas llenos de dudas, de hierros y de llantos.

Finalmente vi que la balanza se inclinaba al lado del adiós, y  a pesar de que intenté por todos los medios que no fuera así; me desembaracé de mi amor propio, me dejé humillar por tus miradas, permití que me usaras como un niño, me abandoné y me creí que no merecía más que dolor. A pesar de todo ello el adiós pudo más que... en el otro lado no había nada que mereciera la pena.

Permití que el tiempo pasará a sabiendas que el resultado final sería tu ausencia y la mía. Y así fue. Te dejé marchar y tu me perdiste sin apenas evitarlo, no sé si fue ignorancia o indiferencia.

Lo único que sé es que yo estoy sin ti y tu estás sin mí, que ambos decidimos que fuese así. No supimos querernos a pesar de todo el amor que nos profesábamos, hablamos demasiado y actuamos bien poco. Nos escondimos en nuestras letras y obviamos el daño provocado.

Demasiado perdón para tan poco corazón, demasiadas corazas para tan poco amor. 


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