Una historia de mil (II)...


Sumisa a tus cadenas, a tus venas y a tus penas desprecio mi vida que anudada a una ilusión se aleja de mi ser. 
El desgarro de la rendición se hace eco en mi razón, mientras que mi corazón atormentado por no tenerte huye abandonado.
Ojos necios que ciegos olvidan tus injurias por no querer arropar el tormento de tus silencios. 

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No pidas pleitesías cuando tus caricias han acabado con mis días.
No pidas compresión cuando tus oídos sordos acallan mis deseos.
No pidas mi tiempo cuando el tuyo tú no lo concedes.
No pidas sin saber recibir.




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