El ser no es el parecer...

"No ocultes tu lado más perverso, incluso de él puedes sacar algo bueno"

  
 Lo ideal sería que hablase de mí, de mis secretos... pero no me gusta ser el centro de atención, no me gusta pensar que estás leyendo estas letras con esa curiosidad o morbo característico del ser humano. No me gusta pensar que estás aquí esperando a que te cuente mi vida, una vida llena de drama, de giros inesperados que hacen de mi vida un cúmulo de acontecimientos que se van encadenando uno detrás de otro sin ningún tipo de patrón ni de criterio. Acontecimientos que suceden de manera repentina, a veces ocasionados por mi, y otras veces ocasionados por ti, sí, por ti, la persona que está leyendo esto.
   Muchas veces no somos conscientes de la influencia que ejercemos en los demás, muchas veces ignoramos como el chico de al lado del metro agita su pierna izquierda porque tu brazo está rozando el suyo, o como instintivamente tu apartas la mirada de la mujer que te ha sonreído al descubrir que la observabas. Pequeños detalles que nos influyen, que determinan nuestro comportamiento más insustancial, un comentario desafortunado que te irrita, una carcajada que te emociona, una caricia que te reconforta... eso es lo que pretendes, es lo que quieres, leer una vida ajena a la tuya que te conmueva, que despierte en tí esa sensación de inconformismo, esas ansías de querer más. 
    Buscas algo, una historia, un relato, una mentira, algo que te ayude a levantarte cada día, algo que te diga que el tiempo pasa, que los días transcurren y el relato, la mentira también, deseas despertarte con la incertidumbre adictiva del no saber si la historia continuará o no, con el miedo de perder esa parte del día que te hace olvidar que tu vida no es como lo que tenías pensado.
     No te preocupes, todos necesitamos ese algo, todos necesitamos un primer motor que nos ayude a caminar, a correr y saltar si es necesario. A veces ese primer motor está en uno mismo, en las motivaciones intrínsecas, otras veces está en los demás y otras veces es la propia rutina,  el tedio de los días el que pone el piloto automático para que no te caigas.
    No te angusties por sentir que la rutina acapara tu vida, no te agobies si la monotonía alcanza tus días, igual sin ellas perderías el norte, eso sí, no dejes que te dominen, no permitas que te hagan olvidar el por qué estás donde estás, por confuso y olvidado que parezca empezaste un camino para llegar a un final, un final que  tú eliges, no el inconformismo, ni la rutina, es tu final, por tanto, tu decides donde quieres acabar.


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